24 DE MARZO: DÍA NACIONAL de la MEMORIA por la VERDAD y la JUSTICIA

Recordamos hoy que un 24 de marzo de 1976 se instaló en el país una dictadura militar que hirió de muerte a las instituciones republicanas y sesgó la vida de decenas de miles de argentinos, pero que fue echada, para nunca más volver.

 

Estamos acá para hablar otra vez de Memoria, Verdad y Justicia, frase que hemos escuchado muchas veces, sobre todo en esta época del año. Pero la realidad es que son palabras que encierran mucho más que una fecha, son palabras cargadas de dolor, cargadas de lucha y compromiso, son palabras que encierran vidas que no están, vidas que aguantan, y vidas que se encuentran.

Estamos otra vez, pero nosotros anhelamos que ese “Otra vez” no sea algo redundante. Que no sea solo hablar y tener que escuchar un discurso por compromiso, mientras nuestra historia reciente está llena de interrogantes. Esta vez queremos darle sentido a las palabras y que mañana, por mínimo que sea el cambio, se sumen más miradas.

 

El caos económico, la crisis de autoridad, las luchas facciosas, la muerte cotidiana, la acción de las organizaciones guerrilleras, el terror sembrado por la Triple A, todo ello creó las condiciones para que la mayoría de la sociedad aceptara un Golpe de Estado que prometía restablecer el orden y asegurar el monopolio estatal de la fuerza. El camino elegido fue el de la represión sistemática, realizada desde el Estado. Fue una acción terrorista, en la que al secuestro acompañaba el saqueo de la vivienda, convertida en botín. Lo que seguía era la tortura física, que se prolongaba en la psicológica: que consistía en sufrir simulacros de fusilamiento, asistir al suplicio de sus amigos, hijos o esposos, comprobando que no había nadie que se interpusiera entre la víctima y el victimario. El cuadro se completaba con la degradación de las víctimas, malheridas y sin atención médica ni sanitaria, permanentemente encapuchadas y mal alimentadas. Muchas detenidas embarazadas dieron a luz en esas condiciones, para ser luego despojadas de sus hijos, de los cuales en muchos casos se apropiaban sus secuestradores.

 

Para la mayoría el destino final era el “traslado”, es decir, su ejecución. Todas las ejecuciones fueron clandestinas. En la mayoría de los casos los cadáveres se ocultaban, enterrados en cementerios como personas desconocidas, quemados en fosas colectivas que eran cavadas por sus propias víctimas antes de ser fusiladas, o arrojadas al mar luego de ser adormecidos con una inyección.

 

¿Resulta necesario recordarlos una y otra vez?

Por supuesto que sí, necesitamos oírnos y contar las historias vividas, necesitamos hablar del pasado para cambiar nuestro futuro. Es necesario entonces que los jóvenes conecten la violencia del ayer con la violencia del hoy para lograr un compromiso personal con la lucha por la vigencia plena de los derechos humanos.

 

Nuestra tarea es construir la memoria colectiva a partir de un consenso compartido por quienes se identifican con la Argentina como comunidad política democrática. Seguramente, desde estos valores democráticos, que no son los valores del pasado, construiremos una Argentina mejor.

 

Por ello, proponemos interrogar a la memoria, en cada casa, escuela, institución, organización, iglesia, barrio y comunidad. El pasado, nos ayuda a entender el presente y construir el futuro. Nuestro pasado, es nuestra historia, y por lo tanto nuestra identidad como estudiantes y ciudadanos. Todos y todas podemos ser parte de la transformación que queremos ver en nuestra ciudad.