LEVERBERG DERROTA A LA PRÉDICA ANTIPOLÍTICA

Después de dos períodos en el Congreso de la Nación, Marilú Leverberg recibió un contundente respaldo de las bases como líder de las luchas reivindicativas docentes. Demostró que se puede responder a la doble representación, la gremial y la política sin traicionar los mandatos. Bajo la convicción de que el Estado no es neutro, se pueden articular los dos frentes de reclamos por las reivindicaciones de los trabajadores. Las luchas se libran desde el sindicato pero se consolidan en el ámbito de la política.

 

La consagración de Stella Maris Leverberg en la Unión de Docentes de la Provincia de Misiones en las elecciones del viernes 27, tiene una profunda significación política que, trasciende el mundo gremial y constituye un mensaje, tan contundente como su triunfo, contra el avance de la anti política.

 

 

Este abordaje, digamos desde el exterior, no descarta por supuesto, subrayar lo convincente del resultado en las urnas, al punto que no admite discusión sobre el liderazgo de Marilú en el sindicalismo docente. Aunque recién mañana lunes la Junta Electoral realizará el escrutinio definitivo, se puede adelantar que el 75% del padrón se pronunció en su favor. Para valorar el porcentaje sirve de referencia su comparación con los ciudadanos que concurren a votar cuando se elige, por ejemplo, presidente y gobernador. Son similares a lo ocurrido el viernes en UDPM con la salvedad que votar en la docencia no es obligación como en los comicios generales.

 

El categórico respaldo que recibió Adomis al interior de UDPM, revaloriza las decisiones del secretariado en el complejo ámbito económico y político en el que se lucha por las reivindicaciones de los docentes como trabajadores asalariados. Es lo que cuestiona un sector, que actúa como vanguardia, pero ya renunció a disputarle el liderazgo a Leverberg y el equipo que la acompaña desde hace varios años.

 

Las tensiones a los que se ven sometidos los sindicatos para mediar entre patronal y trabajadores, cuando es el Estado el empleador, la naturaleza de la contradicción cambia sustancialmente. Es así, porque el Estado no es neutro y en consecuencia sus políticas tienen cargas ideológicas. Un Estado que cede ante el Mercado y apuesta al crecimiento privilegiando y protegiendo a inversores para que generen empleo, no es lo mismo que un Estado decidido a intervenir para corregir las distorsiones monopólicas del Mercado y apueste al consumo y una distribución progresiva de la renta para generar inversiones.

 

Leverberg y toda la cúpula de UDPM han entendido la diferencia. La venimos marcando desde Misiones Plural. Cuando en abril pasado, UDPM logró reunir a 5 mil docentes en un congreso, lo volvimos a poner en evidencia para sumar al debate. Vale reiterar esos conceptos: Reuniones como la realizada en Capioví, no pueden pasar desapercibidas para el análisis. Constituyen un dato central en el debate al interior del gremialismo docente. ¿Cómo plantarse para defender salarios y condiciones de trabajo ante los gobiernos de turno? Es conocida la vieja táctica del sindicalismo argentino: presionar con huelgas para después negociar. Marilú y los directivos de  UDPM siguieron otros métodos a partir de la gestión de Hugo Passalacqua en el Ministerio de Educación. Advirtieron entonces que hubo un cambio de paradigma: la convicción del ministro que el Estado no es “patrón” cuando es administrado por un gobierno popular. El Estado no es un grupo de funcionarios, sino el aparato que expresa la unidad de clases y sectores sociales de la provincia. Cuando hay diálogo y consensos, no hace falta presionar. No es que la UDPM   le tenga miedo a la calle. Nació precisamente en las movilizaciones contra los ajustes del neoliberalismo y fue protagonista central de la Carpa Blanca. Pero en el entendimiento de que el Estado no es neutro, que puede ser amigo o dedicarse al ajuste, que puede ser gobernado para las mayorías o puede gobernarse para los sectores del privilegio, la lucha sindical no puede ser la misma siempre. El tema viene a cuentas porque en los últimos años, un sector, diríamos de vanguardia del gremialismo docente, rechazó el diálogo y fue directo a la calle. Si todos están en lucha, como es inevitable en una sociedad de clases, lo que está en cuestión es el método. Capioví le da la razón a UDPM.

 

Razón ratificado en la masiva participación docente en las elecciones del viernes 27.

 

Del gremio a la política...

El secretario general de Adunam, Aníbal Velázquez, quien fuera un hombre clave en la gravitación que ganó la confederación de gremios universitarios en los años de la recuperación de la democracia, sintetiza en una frase uno de los combates simbólicos presentes en la política argentina desde que Perón recibiera el apoyo explícito de los sindicatos ya en su primer gobierno. Dice el misionero: “La dirigencia sabe que sus luchas se libran desde el sindicato pero se consolidan en el ámbito de la política”.

 

Esta observación, avalada por la historia de las luchas de los trabajadores argentinos por sus reivindicaciones, abona la significación política del contundente respaldo que consiguió Leverberg en las elecciones del viernes. La dirigente viene de dos mandatos en el Congreso de la Nación en representación de la Renovación. Se jugó políticamente y se jugó desde el compromiso partidario. Y pudo volver sin perder el liderazgo. Es un cachetazo para la prédica de la antipolítica. El respaldo de sus bases demuestra que pudo articular su doble representación sin traicionar ni los mandatos docentes ni el alineamiento con el proyecto de provincia y el rumbo diseñado por el movimiento renovador. Sus excelentes relaciones con Hugo Passalacqua, desde que fue ministro y quizá militante de base en Oberá, no mancharon su trayectoria. Su predisposición al diálogo sin renunciar a su lucha de base es el aporte para un debate sobre el rol de la dirigencia sindical.

 

 

El llamado Frente Gremial debería tomar nota. Por un lado, sincerar sus alineamientos partidarios. Leverberg les abrió el camino. Se puede hablar y dialogar siempre y cuando los que se sientan en la mesa sinceren desde dónde lo hacen.