NOTA DE OPINIÓN DE MARILÚ LEVERBERG: FONDOS BUITRES vs ARGENTINA.

Quiero brindarles mi opinión respecto de la cuestión de los denominados Fondos Buitre y su logro judicial para que Argentina les pague la totalidad del valor de sus bonos de la deuda pública. Dichos Fondos no accedieron a canjear la mencionada deuda –a diferencia del 93% de los acreedores- ,lo que llega a dejarnos a flor de piel la sensación de que más allá de lo estrictamente económico, el mal llamado Primer Mundo está dando una vez más señales de desesperación ante el irrefrenable ritmo de crecimiento de los denominados países emergentes.

 

No es extraño que las imposiciones que un juez norteamericano le hace a la Argentina se parezcan a otras acciones deliberadas que vienen dándose en contra de los pueblos que tras siglos de sojuzgamiento están viviendo la década más importante de su desarrollo, económico, social, político y de pensamiento como ocurre en la mayoría de los países de América Latina.

 

Nunca, y ahora está muy claro, vieron con buenos ojos que Argentina saliera del quinto infierno para crecer ininterrumpidamente, con uno de los mayores procesos de inclusión social y a la vez pagando sus deudas. Nunca pensaron que el más reticente de los acreedores dialoguistas -el Club De Paris- aceptara la propuesta del gobierno para cobrar. Nunca, además imaginaron que este país vapuleado desde fuera y desde dentro durante 

décadas tuviera hoy una deuda inferior al 50 % de su PBI.

 

La cuestión de fondo parece no ser justamente obligar al país a pagar una renta exorbitante al solamente 1% de sus acreedores, sino más bien, evitar que le pague a nadie y vuelva a meterse en el pantano de su pasado reciente. Y así, buscan con Argentina, enviar un mensaje a un grupo de países que con responsabilidad, esfuerzo y trabajo vienen derribando las barreras que desde el imperialismo les impusieran para evitar que se desarrollen.

 

Hoy nuestro país integra el grupo de los que más desarrollo socio-económico ha tenido en la última década, y ya es observado por los nuevos grandes del orden mundial como es el caso del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para ser parte de un bloque que busca quebrar por derecho propio las ataduras históricas a su desenvolvimiento.

 

Por ello, no existe fuerza que pueda doblegar el espíritu de un pueblo que quiere seguir en el camino elegido, y que pese al descalabro económico de las naciones más poderosas del mundo logra mantenerse en parámetros más que razonables en cuanto a expectativas de desarrollo.

 

Las deudas históricamente “impuestas”, primero por los poderosos capitales que desde siglos atrás dominan el mundo económico, hasta por último por las más infames privatizaciones y enajenaciones de los sectores estratégicos dispuestas por el neoliberalismo que dominó nuestra patria en varios de los gobiernos de nuestra más reciente democracia, no han sido suficiente peso para detener la fuerza de cambio que envuelve a los argentinos de bien.

 

Hoy, de pie, con dignidad y sin dejar de mirar el costado social de los procesos políticos Argentina demuestra que se puede crecer, incluir y honrar compromisos al mismo tiempo. No es necesario advertirles, ya que evidentemente lo ven muy claro, que no se podrá detener este proceso que va en sintonía con el nuevo esquema de desenvolvimiento del mundo, donde quienes históricamente se vieron saqueados de diversas formas por los “líderes”, empiezan a marcar un camino que no solamente les permitirá terminar con la subyugación, sino además demostrará que se puede ser grandes sin actitudes colonialistas, de expansionismo forzado y faltando el respeto a normas, derechos soberanos, y finalmente personas.

 

Quiero señalar finalmente, que quienes han crecido a costas de infundir el hambre, han de saber que el ciclo ha terminado. Argentina es un ejemplo vivo de que el futuro para los emergentes viene con sustentabilidad, respeto, desarrollo humano y aprovechamiento sostenible de los recursos, organización y soberanía, en su más amplio sentido.

 

Stella Maris Leverberg

Diputada de la Nación