“LA RENOVACIÓN, UNA CONSTRUCCIÓN CON LOS TRABAJADORES...”

“Resulta imposible pensar a la Renovación, viéndola integralmente desde su concepción hasta la actualidad, como una entidad autónoma o independiente de los movimientos sociales y sobre todo de los fenómenos que en la sociedad han protagonizado en los últimos 11 años los trabajadores. Muy por el contrario, es necesario e inexorable leerla como una resultante directa de inquietudes y posiciones que tienen raíz en la clase obrera, los ámbitos de debate laboral, la clase media independiente políticamente y por último las contadas figuras que podríamos definir como una reunión de pensadores e intelectuales dispuestos a torcer el rumbo hacia una mayor equidad social en beneficio, sobre todo, de los más postergados.

 

Pero, cuáles son las razones de su surgimiento es una materia, si se quiere, más sencilla de entender aún. Porque fue en sí misma, esa amalgama entre la clase trabajadora, los empobrecidos y excluidos y aquellos opacados por el poder, la que sintió la necesidad de confluir en un espacio donde plantear condiciones de vida más justas, un objetivo común, por convicción, es decir no sólo por necesidad material sino también moral y racional.

 

Allí surge entonces, allá por 2003, la idea de Carlos Rovira de darle interpretación definitiva y fáctica a ese conjunto de inquietudes, de materializar, de 

llevar a los hechos con responsabilidad pero con valentía y sin temor a los riesgos, la propuesta de, como dijera él mismo en momentos claves, “Cruzar el Rubicón”.

 

Y muy lejos de convertirse en un mero armado político de esos que especulan con determinadas situaciones, la Renovación nace con una misión perdurable, con una tarea por cumplir cimentada en el sueño de miles de misioneros de bien y de trabajo, golpeados, ninguneados y hasta olvidados por un sistema que los había ido excluyendo a paso firme durante algo más de una década. Esa sinergia que entre tales grupos se produjo casi en forma inmediata, tuvo la coherencia y la capacidad de convertirse en un proyecto político tangible, viable y sobre todo con firmeza en el tiempo, gracias a la conducción prudente, realista y de inconfundible identidad misionerista que se le imprimiera desde el primer día.

 

Es allí donde se trasluce lo importante, lo fundamental y decisivo, que fue el acompañamiento de los trabajadores, organizados o no, con empleo o desocupados, con o sin preferencia política, pero alineados en la contención de un ideario claro, esperanzador y sustentable como el que nacía en aquel turbulento 2003.

 

La Argentina dirimía su futuro y Misiones no fue furgón de cola, porque supo forjar, a tiempo pero por sobre todas las cosas con impronta propia, una base política con la suficiente lucidez como para acompañar a lo que realmente representaba un cambio de modelo, y poder hacerlo sin ceder un ápice de su identidad, de su acervo particular, de su “personalidad como sociedad”.

 

Y fue así que la concepción de la “nueva casa” fue imaginada por Carlos Rovira, como una obra de ingeniería social y política donde la primera idea fue la base ideológica a partir de la cual se fueron construyendo los objetivos centrales, primarios y secundarios, de una edificación definitiva en pos de una

Misiones capaz de aprender de su pasado y proyectar su futuro con la posibilidad de ser cada día más inclusiva. Y es ahí donde el sustento de los trabajadores cobró protagonismo.

 

Por esto último es que, con mayor fuerza que en ningún otro proyecto, el movimiento sindical se integra a la convocatoria, sin miramientos, sin condiciones más que las de su propia razón de ser, sin especulaciones y sin pedir nada a cambio más que el respeto por los sueños de miles y miles que sabían profundamente que tenían derecho a mejores condiciones de vida.

 

Allí nos sumamos quienes, como en mi caso, fuimos honrados tras un proceso de muchos años, con la responsabilidad de representar a los trabajadores. Allí encaja nuestra lucha diaria e irrenunciable en un proyecto que con los años se convirtió en la nueva casa de todos, de la gran mayoría de los misioneros, y sobre todo de los trabajadores. Los que sufrieron el olvido y el maltrato de un sistema excluyente y explotador, y de los que ni siquiera estaban dentro del sistema y volvieron o por primera vez pasaron a conformarlo.

 

Nadie puede dudar, con un mínimo viso de seriedad, de que si desde el rol gremial que nos toca ocupar integramos una unidad política, de pensamiento, de modo de acción y de gestión de cara al presente y futuro de Misiones es porque nos sentimos cabalmente representados por una dirigencia capaz de mejorar no sólo nuestro día a día durante la última década sino de proyectarnos hacia un futuro donde seamos cada vez más autónomos en decisiones y hechos concretos.

 

Solamente pedimos, y seguiremos pidiendo siempre, y no porque no se nos haya cumplido sino por la convicción de tenerlo siempre a flor de piel, que nuestra parte en esta sociedad sea considerada como lo que realmente es, el respaldo genuino de miles de trabajadores que sustentan, forman parte y representan a un modelo que ve a Misiones como su hábitat, en el sentido más profundo del término, ve a Misiones como la matriz donde han de gestarse, desarrollarse y concretarse los sueños de bienestar, con justicia y equidad, para el presente y un largo futuro donde vemos proyectada a nuestra descendencia para la posteridad.

 

La educación, nuestra misión en la vida del trabajo, pero también, sin dudas, el bien estratégico más desafiante de los pilares de la Renovación, debe ser además, la clave para desencadenar los próximos pasos de un futuro que con seguridad vemos más sólido después de estos años de labor. Es allí donde radica el método que hemos de sostener para profundizar la misión de incluir, de preservar nuestra historia y nuestros orígenes y de crecer sin límites pero siempre dentro del horizonte sustentable que se planteó en 2003 Carlos Rovira, convocando a Maurice Closs, al interpretar el grito de toda una sociedad que quería liberarse, pelear por lo suyo con dignidad, y forjar su camino con derecho pleno.

 

Y, sin ánimo de caer en denostar falsas opciones, no había otra forma, no había otro camino para llevarlo adelante, que hacerlo de la mano de los trabajadores, de los hombres y mujeres de bien, representados por quienes con orgullo, desde los que roles que nos tocan, como en mi caso el sindical y el de representante del pueblo en el plano nacional, comprometemos con coraje y convicción.

 

Por lo dicho, es impensable entonces, hablar de la Renovación a 11 años de su génesis, sin destacar cómo su base se ha ido solidificando con hechos que tuvieron como protagonista a la clase obrera, a los trabajadores organizados y sobre todo a los educadores, como herramientas naturales de su construcción política. Y ello les fue devuelto con creces, en condiciones inimaginables años atrás, no sólo de trabajo sino de vida social y familiar. Se les ha exigido mucho esfuerzo, compromiso y hasta paciencia, pero el fruto ha llegado siempre con plusvalía, no solamente por lo coyuntural y tangible sino por su proyección hacia un largo futuro, como lo constituyen cientos de obras, decenas de leyes, miles de proyectos y cientos de miles de historias personales, individuales, que dan fe de que pese a cualquier piedra en el camino hay un objetivo común inexpugnable en el porvenir de cada misionera y de cada misionero de los que vendrán en las generaciones futuras a la tierra sin mal que habitaron, cuidaron y sobre todo entendieron nuestro ancestros guaraníes y nuestro cada vez más vivo Comandante Andrés Guacurarí.

 

Ese mismo Andresito que, como una señal de nuestro pasado presente, vino a convertirse por el esfuerzo una vez más de la Renovación y la visión clara de su conductor, en una figura emblemática de la provincia y la región, con un tardío pero siempre intenso reconocimiento público, con su inclusión paulatina en la historia, muchas veces negada desde foráneos intereses.

 

Así se escribe por estos días desde esta humilde concepción, la génesis, el origen, y los primeros pasos de la Renovación, con la mirada puesta en los trabajadores, en el movimiento sindical, como en los docentes, cada uno desde nuestro lugar, aportando al gran cometido de crear a diario a un futuro que nos encuentre, además de unidos, con una identidad propia, indiscutible y con los derechos a determinar nuestros objetivos sin indicaciones lejanas o recetas armadas en el país central, sino construyendo nuestra propia historia.

 

Si no nos apartamos de las ideas, si conservamos los basamentos teóricos como raíz indiscutible de lo práctico y lo cotidiano, nuestro margen de error se reduce y nuestras realizaciones saltan sin miedo al universo de las conquistas perdurables, que rápidamente se convierten en el bien de todos, en nuestro derecho natural, y nos apropiamos de ellas reafirmando que las merecemos como sociedad, porque las obtuvimos de nuestro esfuerzo colectivo, de nuestra visión de porvenir y sobre todo de nuestros sueños e ideales.”

 

Si lo soñas, lo podes hacer”, expresión clara del Carlos Rovira.

El camino está trazado, a transitarlo con alegría, por lo que aún resta.

 

Stella Maris “Marilú” Leverberg

Diputada de la Nación - Secretaria Adjunta UDPM

Frente Renovador de la Concordia Social

Provincia de Misiones