BIODIESEL: SALIR DE LA COYUNTURA CON ESFUERZO SOLIDARIO…

Cuando pensamos en la industria argentina del biodiesel, si queremos tener una mirada amplia sobre el tema, no podemos dejar de ver que hasta 2006 prácticamente no se hablaba en el país, y muy poco se conocía, de las oportunidades que tenía este tipo de combustible. Sin embargo, gracias al impulso hacia el sector consolidado por el gobierno nacional en interacción con quienes se animaron a apuntar a un mercado internacional creciente y de vanguardia en cuanto a combustibles alternativos en los últimos años, los volúmenes exportados reportaron en poco tiempo cifras anuales en torno a los 2 mil millones de dólares y convirtieron al biodiesel, por ejemplo en 2011 en el 13 % de las exportaciones argentinas a la Unión Europea.

 

Pero en 2012, luego de la decisión soberana de la Argentina de nacionalizar YPF, la firma española Repsol decidió dejar de comprar biodiesel argentino, pese a que el nuestro es el principal productor que exporta a Europa. Además esa empresa logró mediante presiones en la Unión Europea que se fijen barreras arancelarias al producto procedente de nuestro país. Así comenzaron a complicarse los horizontes de negocios de una industria floreciente, que en 

muy poco tiempo se convirtió en un aporte sólido a las ventas de nuestro país al exterior.

 

El proyecto que hoy nos ocupa, que orgullosamente podemos decir que obtuvo dictamen con facilidad, porque aún desde la oposición se vio claramente la necesidad de avanzar en ello sin mayores objeciones, busca aliviar la carga que suponen en los precios internos los impuestos con que está gravado el biodiesel en particular y como combustible líquido en general. Así, sobre todo enfocándonos en liberar de impuestos a aquel que vaya destinado a la generación de energía, podremos brindar competitividad en precio a la industria y descomprimir de costos en cierta medida al sector energético.

 

Por otro lado, es de destacar que en el espíritu de la norma está clara la característica de temporaria de la medida, dejando la tranquilidad a quienes hoy venimos a apoyarla, de que no se convertirá en una pérdida para las arcas de la nación sino en una salida solidaria a una coyuntura que tiene amplias chances de revertirse a corto plazo, sobre todo teniendo en cuenta que el reciente acuerdo con Repsol podría empujar en breve a que se reabran los negocios con la Unión Europea en función de la alta calidad y las sostenida oferta que el biodiesel argentino ofrece.

 

Por ello, es de vital utilidad, y de un oportuno carácter de necesidad, que avancemos en apoyar esta medida que apunta a que el destino de unas 500 mil toneladas de biodiesel sea el mercado interno, permitiendo así la sustitución de importaciones de gasoil que se estima significarán un ahorro de 50 dólares por tonelada, ayudando así, por otra parte, al consabido cometido de favorecer el sostenimiento de la balanza comercial en pos de la necesidad de consolidar las reservas en dólares y fortalecer el reciente freno a la salida de divisas por importaciones.

 

Es, entonces, sin más explicaciones, una media transitoria, solidaria e inteligente, que ayudará al sostenimiento de una industria que, permaneciendo fuerte y activa, no tardará mucho en reencauzarse en la vía de las exportaciones generando divisas frescas para nuestro país, como lo ha venido haciendo en buena parte de la última década, constituyendo así uno más de los múltiples pilares en los que se cimienta el desarrollo de nuestra argentina industrializada y con agregado de valor a sus productos.

 

No hay por lo expuesto elemento alguno que pueda permitirnos pensar en aspectos negativos para esta norma, que, como se dijo antes, reviste el carácter de transitoria y observable y busca dejar a la industria argentina del biodiesel en condiciones de competitividad para un futuro cercano donde los horizontes extranjeros vuelvan a mostrarle el destino de su producción sin los infames frenos que hoy, más política que económicamente está enfrentando y padeciendo. Allí el carácter solidario al que antes se hacía mención tiene su raíz. Hoy, sin esos impuestos en el mercado interno, el combustible puede favorecer directamente a la generación energética, afortunadamente tan necesaria en un país de pie y trabajando, y a la vez, convertirse en un elemento que permita la sustitución de importaciones y el consecuente resguardo de reservas. No hay por lo expresado, motivo alguno para oponerse a la quita impositiva que hoy se nos pide desde el Poder Ejecutivo con este proyecto, y es sin duda, un ejemplo de que con inteligencia y seriedad se puede hacer gran aporte al mantenimiento del desarrollo del que la Argentina no está dispuesta a claudicar en su búsqueda constante.

 

 

Stella Maris Leverberg

Diputada de la Nación