BLANQUEO, CRECIMIENTO, CREDIBILIDAD

Hoy discutimos el proyecto del Poder Ejecutivo que habilita el blanqueo o regularización de dólares no declarados a cambio de tres bonos que buscan reactivar el mercado inmobiliario, la construcción, y financiar proyectos de YPF.

 

Sobre la iniciativa podemos asegurar que cumple con todos los estándares internacionales de transparencia fiscal. Hubo un blanqueo de capitales anteriormente y la experiencia dice que, generalmente, los que vinieron a exteriorizar sus divisas tienen una situación normal en cuanto a la procedencia de los recursos.

 

El grueso del dinero no declarado tiene que ver con actividades lícitas que no han sido 

blanqueadas fiscalmente. El fantasma del lavado de dinero del narcotráfico sólo puede ser usado como argumento por quienes no quieren que las reservas argentinas y el desarrollo económico sigan sosteniendo al modelo, que está muy lejos de estar en duda, en crisis o en peligro, pero al que debemos cuidar y fortalecer todos los días. Quienes además hablan de que el dinero puede proceder de hechos de corrupción, desconocen aviesamente al proyecto, que es muy claro en cuanto a los límites para personas o empresas que estuvieran por lo menos imputadas en la Justicia por tales acusaciones.

 

El propio titular de la AFIP había asegurado que quedarán fuera del nuevo régimen "aquellos que pretendan exteriorizar sumas de dinero provenientes de lavado de activos y financiamiento del terrorismo" y quienes hayan presentado quiebra.

 

Por otro lado, como cualquier medida de refuerzo de la base en dólares del sistema financiero, el blanqueo de capitales apunta a descartar medidas como las que vienen proponiendo quienes buscan detener el proceso de inclusión que está firme en la Argentina, a saber, la devaluación. Medida que tristemente los argentinos conocemos bien y sabemos de su efímera cuando no virtual utilidad en contextos como el actual. Una devaluación solamente beneficiaría a quienes poseen gran cantidad de dólares, y, naturalmente perjudicaría casi en forma inmediata al poder adquisitivo de los trabajadores, al que bastante cuesta mantener a raíz de la fuerte presión de sectores especulativos, tanto o más nocivos que aquellos que optaran por atesorar dólares fuera del sistema.

 

No existe riesgo real para que se deba frenar este procedimiento que, por otra parte, se convertirá en una excelente oportunidad para que quienes descreyeron del sistema financiero argentino conviertan esa situación a la de, directa o indirectamente, contribuir al sostenimiento del empleo y las condiciones macro-económicas que siguen mostrando que son viables inversiones formales en un país que pese a la impiadosa crisis global sigue creciendo. No compremos discursos de quienes no quieren que se mantenga el crecimiento, de quienes no quieren que se preserven fuentes de trabajo para poder entonces obtener mano de obra precarizada en sus empresas o, directamente, dedicarse al negocio financiero, que no mueve la economía real, no permite el desenvolvimiento y sólo concentra el poder económico.

 

Esta es una oportunidad, no la detengamos en beneficio de quienes más tienen. Los mismos que pretenden hacernos creer que el modelo de desarrollo no debe incorporar recursos que, por las mismas razones que en el pasado defendieron, hubo quienes decidieron mantenerlo fuera del sistema. 

 

Stella Maris Leverberg

Diputada de la Nación