30 MIL VIDAS POR EL FUTURO DE TODOS...

Por Stella Maris Leverberg, sindicalista docente, Diputada de la Nación

 

“Cuando el 24 de marzo de 1976 comenzó una etapa de la historia argentina que ni siquiera hubieran imaginado los peores tiranos del mundo, se inició un camino que en poco tiempo encontraría a las más inhumanas prácticas de la sociedad mundial consolidada como proyecto: la aniquilación del futuro de un pueblo mediante la eliminación de sus potencialidades. Métodos como la hambruna implantada o las masacres de las guerras más injustas no impactaron en forma tan directa en las posibilidades de un pueblo a desarrollarse como la desaparición forzada de todos aquellos que pudieran a futuro impedir la aplicación de los planes que el mundo del nuevo colonialismo tenía para la tierra más rica y próspera de América Latina. La Argentina era por sobre todas las cosas independiente, potencialmente venturosa y, por sobre todas las cosas, ideológicamente capaz de llevar a cabo la “peligrosa” misión de consolidar la Patria Grande a la que la historia indefectiblemente nos lleva junto a los pueblos

hermanos.

 

Allí radicó el programa más sangriento que pudo haberse ideado jamás para impedir la evolución de una sociedad encaminada a ser libre, independiente y hasta materialmente autosuficiente. Y todo ello, puesto en práctica por la más deplorable casta de operadores locales dispuestos a aplicar cualquier receta contra su propio pueblo, siguiendo a rajatabla y hasta profundizando el macabro designio extranjero.

 

Así los dictadores, muchos de ellos recién ahora en juicio luego de 37 años de aquel 1976, abrieron la más sangrienta herida en el camino de un pueblo hacia su verdadera libertad, la libertad ideológica, política y económica, la verdadera Independencia.

 

Los 30 mil desaparecidos, torturados y asesinados por sus propios hermanos en una lucha de apenas algo más de 7 años, significaron un serio corte a las posibilidades de concreción de los planes de un pueblo que tenía muchas más posibilidades de consolidarse que de fracasar en su camino hacia la mencionada verdadera libertad. Al dolor de hijos, nietos, hermanos, madres y abuelas de cada uno de esos seres humanos, se suma inevitablemente la pérdida del grueso de la sociedad de cientos de dirigentes que, naturalmente, hubieran ocupado los roles más relevantes en la definición del rumbo de la Argentina por venir.

 

Por ello, el homenaje, que radica sin dudas en la incansable búsqueda de la Verdad y la Justicia y la práctica permanente de la Memoria debe llevarse a cabo en dos sentidos: uno, el de avanzar hasta el último de los días en la búsqueda de toda la verdad y el castigo a los responsables. Por otro, el de consolidar en su memoria la construcción del camino encarado por el proyecto político argentino que desde 2003, no antes de 20 años de retorno de la Democracia, logró volver a poner proa hacia el desarrollo, el desenvolvimiento de las condiciones humanas y la distribución justa de la riqueza generada. Mucho se intentó desde 1983, pero la voracidad de líderes que llegaron al poder y el temor a las presiones por parte de otros, frenaron una vez más el hallazgo del camino cierto. Deuda, corrupción, malas administraciones y “puntos finales” degradaron nuestra incipiente democracia, la focalizaron hacia los que más tienen y la usufructuaron para propios intereses.

 

Recién ahora es tiempo de entender a fondo, con un plan concreto en marcha, cómo y por qué el nuevo colonialismo sembró en nuestra tierra la más dolorosa semilla de destrucción jamás imaginada, la aniquilación de la vida de 30 mil personas y del futuro de todos. Por esas 30 mil vidas, y por el futuro de todos, Nunca Más.

 

Cada uno de los argentinos, cada niño por nacer, cada proyecto de vida que anide en el corazón de cualquier joven deben tener el Derecho Humano de tener posibilidades de ser. No se construye democracia en el mero hecho de tener elecciones libres, se la practica en cada acción de la sociedad, se la lleva en el ideario de cada plan, de cada iniciativa, de cada concepción que desde la diaria tarea de construir una sociedad más justa nos toca a todos y cada uno, dirigentes, líderes, trabajadores y estudiantes que por el simple y a la vez honroso hecho de pertenecer a un pueblo unido y determinado tengan opciones, tengan abierto y despejado el camino hacia la verdadera libertad.

 

Por la memoria de los 30 mil argentinos que no están, hoy más que nunca, debemos consolidar el camino que sin duda hubieran construido, por el futuro de todos”.